Todos los estudios que evalúan la relación de los españoles con el estrés apuntan en la misma dirección: estamos de los nervios. Para la mitad de nosotros ha llegado a ser un problema de peso en algún momento de nuestra vida. Y una amplia mayoría lo ha padecido alguna vez. Si no eres de ese minúsculo grupo de afortunados zen que no saben lo que es caer en desvelos, ansiedades y alteraciones varias, esto te interesa. Moldear tu estilo de vida es la mejor forma de burlar el estrés.

Padecer ansiedad o nerviosismo no solo nos afecta mentalmente (te obliga a vivir en alerta, como si de un momento a otro fuera a suceder una catástrofe), sino que también tiene efectos en nuestro cuerpo. Detectar las señales de alerta es el primer paso para introducir los cambios necesarios.

Estos son los síntomas típicamente asociados al estrés:

  • Cansancio excesivo incluso después de periodos de descanso como vacaciones o fines de semana.
  • Dolores de cabeza frecuentes y sin motivo aparente.
  • Mandíbula rígida, bruxismo nocturno.
  • Múltiples contracturas por mantenerte en tensión.
  • Insomnio o excesiva somnolencia.
  • Olvidos y falta de memoria.
  • Irritabilidad, todo te molesta.
  • Cambios en el apetito: o mucho o poco, pero diferente de lo que suele ser habitual.
  • Más facilidad para enfermar de catarros o pequeñas infecciones.
  • Acné y problemas cutáneos.

El estrés, en cualquiera de sus manifestaciones, actúa sobre el sistema nervioso simpático, que nos prepara para la acción, y lo incita a generar adrenalina y cortisol. La primera hormona dilata los bronquios, aumenta la frecuencia cardiaca y nos hace sudar. El cortisol, por su parte, aumenta el nivel de azúcar en sangre y suprime la actividad del sistema inmunológico, que combate amenazas exteriores.

Normalmente este proceso sucede de forma temporal, ya que, cuando ha pasado el peligro, el sistema parasimpático hace que tu cuerpo vuelva a su estado normal. El problema viene cuando los ciclos de alerta son muy frecuentes o tienen una alta duración, hasta el punto de que pueden llegar a afectar a nuestra salud de manera duradera. La estudiada acción ansiolítica del CBD avala el uso de esta sustancia natural con fines relajantes. Pero es necesario acompañar su consumo de la adquisicón de nuevos hábitos que nos hagan pasar menos tiempo activados. Los que enumeramos a continuación pueden ayudarte a llevar una vida más relajada, pero, para que funcionen, no te tiene que resultar estresante incorporarlos a tu vida diaria. Te recomendamos que empieces por el hábito que te sea más sencillo, y cuando lleves un par de semanas pruebes con el siguiente sin dejar de lado el primero. En poco tiempo irás ganando en tranquilidad y en salud.

Ejercicio, descanso, lectura…

  1. Haz menos cosas. Puede que pensar en hacer menos cosas te llegue a  estresar, pero a la larga tener una lista de tareas más reducida te ayudará a poder terminarlas y a tener más tiempo para el ocio. Podrías elegir tres que sean las más importantes y, una vez completadas, bajar la guardia.
  2. Resérvate un rato para relajarte. Puede ser por la mañana, por la noche o a la hora que te venga bien. Y esa relajación puede consistir en aplicarte cremas hidratantes (sabes que nuestras favoritas son las de CBD) con un suave masaje, dar un paseo, hacer estiramientos o bailar por la casa. Hace falta ponerlo en tu agenda y no renunciar a ello por ninguna causa.
  3. Asegúrate de que todos los días pasas un rato al aire libre. Se han estudiado ampliamente los beneficios del aire libre sobre la salud mental. Un buen pasoe levanta el ánimo e ilumina la mente.
  4. Reserva tiempo al final del día para planear la jornada siguiente. Puedes elegir las tres tareas más importantes que harás para cumplir con los objetivos de los que hemos hablado en el punto 1 o preparar el material o la ropa que necesitas para el día siguiente.
  5. Haz ejercicio, preferentemente por la mañana. Una puesta a punto para tus músculos que te hará llegar de mejor humor a la oficina. Da pereza, pero compensa. No escatimes en aliados: el CBD es uno de ellos.
  6. Organiza tus descansos entre tarea y tarea o cada cierto número de minutos. Puedes hacer estiramientos, beber algo de agua o dar un paseo por tu oficina o por tu casa si teletrabajas para romper la monotonía y volver al trabajo con la mente más clara y una mejor concentración. Se conocen como «pausas productivas»
  7. Evita las distracciones a la hora de comer: olvídate del móvil, de la televisión y de la tablet. Comer de forma consciente te puede ayudar a disfrutar del aquí y del ahora, e incluso algunos estudios lo relacionan con la pérdida de peso, porque se tiende a comer solo la cantidad necesaria.
  8. Lee más y ve menos vídeos. Da igual que sean series, películas o tu canal de YouTube favorito: se sabe que disfrutar de un libro va a mejorar la concentración y la relajación por encima de cualquier contenido audiovisual.

¿Te has aburrido? Pues sal con amigos

Existen otras actividades que no suponen ningún esfuerzo y que pueden ayudarte a liberar tu mente de pensamientos estresantes en un momento dado. Cocinar comida rica, hacer un puzle (las actividades repetitivas disminuyen los niveles de ansiedad), tejer o hacer ganchillo (cualquier hobby que de distraiga durante un rato vale como clase de mindfulness), poner música que te guste o bailar (cerrar los ojos durante el acto aumentará tu sensación de desconexión), pasar tiempo con los amigos (habla con ellos en persona: se sabe que Zoom causa fatiga), revisar fotografías antiguas, adquirir una planta y cuidar de ella o ver tu programa de televisión favorito (no siempre nos da el cerebro para abrir una novela). En general, se trata de buscar un placer calmado en todo lo que te gusta. Simple y natural.